Tu espacio literario: Luis Benagulu

El cuento que se transformó en historia

Cuando tus manos están frías
las mías hirvientes te dan calor
Cuando estás lejos te necesito y te echo de menos
Cuando estás sé que me cuidas
Lo haces con tu inteligencia y los conocimientos médicos
Ser meticuloso te hace analizar los asuntos y obtener un resumen del que me beneficio
Me favoreces con tu pragmatismo
Te humanizo con mi pasión
Das cordura a mi bucle
Doy color a tu ornamento
Cuando tu cara está fría mis besos te regresan
Cuando tus preguntas se contestaron por mí hace años hallas mi respuesta con retraso, pero revivimos el momento para disfrutarlo.


Cuando caminamos por el parque húmedo de Maguerit pensamos en la arena seca de Solcina, porque no importa el lugar sino estar juntos.
Cuando yo me enfado te entristeces, cuando yo repaso me arrepiento y no puedo verte triste.
No necesitamos poesías sino caricias. Y aún así escribo. Porque la historia de nuestra vida es eso, cariño. Cuando ocultábamos nuestros afectos el resultado fue perfecto, cuando los exhibimos con descaro es sublime, porque el amor es eso.
¡Qué diferentes sois dijo alguien! Cuando vio la sangre por mis venas, cuando te vio esconderte a la respuesta o reírte para alzar el vuelo.
Pero camináis juntos sin problemas y con diferente criterio.
Y es que tu opinión merece el mismo respeto que la mía, mi grito el mismo valor que la ausencia de tu lamento.
Porque las canas ya embellecen mi cabello y las arrugas endulzan la expresión de tu sonrisa.
Unir nuestros cuentos en uno, otrora fue nuestro objetivo, no sin dolor hoy forman única historia, ya que la verdad se esconde tras los juegos de la diversión y la memoria.
Mi locura es tu cariño.
Tu afecto son mis cuidados.
Con la emoción que explicas tus desvelos, cuando luego yo me quejo por esto o por aquello. Sobre todo por mi miedo y la necesidad de más afecto, que mis límites son altos como el techo. Que por mucho que recibo no me calma, tu amor que es para mi bálsamo de aceite.
Que te quiero es un hecho que descubro cada mañana. Que me amas es un te quiero que reposa encima de la almohada.

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