Intercambio de palabras

Intercambio de palabras con Julius Hernández

Conoce al autor

Las Palabras Descarriadas: Seguramente te gustan varios escritores, ¿puedes nombrar alguno?
Julius Hernández: Por supuesto. No necesariamente en el orden que los menciono, pero los escritores de Ciencia ficción son los que más me han impactado. Isaac Asimov es de los que nunca me defraudan cada vez que leo algo suyo. Philip K. Dick, Arthur C. Clarke, Alfred Bester, Theodore Sturgeon, Fritz Leiber, Robert A. Heinlein. Entre los no CF, Dan Brown, Stieg Larsson y similares, me han gustado mucho en la actualidad por su prosa directa y con lenguaje muy cinematográfico (es mi preferencia). Y uno que leí mucho en mi juventud, Irving Wallace, de quien he tomado directamente el estilo para desarrollar personajes y situaciones, aunque el emularlo directamente me llevaría a crear novelas demasiado largas.

julius-epdmLPD: Otra pregunta complicada: ¿puedes decirme tus tres novelas favoritas?
JH: Por supuesto. Complicada pregunta porque favoritas tengo muchas y decir pocas es dejar fuera injustamente muchas que son de mis encantos. Ubik, de Philip K. Dick (la cual me muero por que lleven al cine); Mundo Anillo (Ringworld), de Larry Niven; El Fin de la Eternidad (The End of Eternity), de Asimov. Y de pilón, una de Wallace La Palabra (The Word). Huelga decir que estas, entre otras, no me canso de leerlas varias veces.

LPD: ¿Y alguna novela te ha decepcionado?
JH: La Sombra del Viento, de Ruiz Zafón, obvio no continué la saga. No estoy diciendo que sean malas, simplemente es un estilo literario que no va conmigo.

LPD: ¿Qué has leído últimamente?
JH:
En los últimos meses, me ha costado más trabajo leer, ya que me he dedicado más a crear y me toma mucho tiempo. No puedo ser como Stephen King, que escribe casi en serie y hace historias como quien vende comida. Me he vuelto muy perezoso para la lectura, cada cosa que leo inmediatamente se me ocurre ahora pensar en cómo lo habría escrito yo, y nuevas ideas me llegan. Lo último que he leído haber leído es Ready Player One de Ernest Cline y la trilogía de Millennium, de Larsson. Ahorita mismo estoy leyendo, a duras penas, Aniquilación de Jeff Vandermeer.

LPD: ¿Recuerdas la primera novela que leíste?
JH: La verdad no, pero de las más antiguas que me vienen a la mente es precisamente La Palabra, y La Tournee de Dios, de Enrique Jardiel Poncela.

LPD: ¿Cuáles son tus géneros literarios preferidos a la hora de escoger lectura?
JH
: Cómo se puede deducir, la Ciencia Ficción es mi género preferido, aparte del horror, la aventura y el misterio. Agatha Christie también fue de mis preferidas, por encima de Arthur Conan Doyle. Siempre he dicho que prefiero el estilo directo sobre el estilo poético, por lo tanto, lo reflejo en mi trabajo también. No me impresiona la “prosa púrpura”, prefiero que me transmitan emociones con historias más que con el manejo artístico y sofisticado de las palabras.

LPD: ¿Eres capaz de explicar cómo te picó el gusanillo del escritor? ¿Cuántos años tenías?
JH: No me lo vas a creer, empecé como a los 8 años, a crear historietas dibujadas que emulaban los cómics que entonces consumía. Posteriormente comencé a escribir historias e intentos de novela, pero nunca lo tomé en serio. Me ocurría que en la revisión de lo poco que llevaba ya no me gustaba lo que había escrito, así que deseché muchas cosas (de las cuales conservo algunas ideas). Asi que, empecé demasiado tarde a tomarlo en serio. Aunque dicen que “nunca es demasiado tarde”, je je.

LPD:Además de “El pecado del mundo“, ¿tienes alguna escrita con anterioridad y pendiente de publicación?
JH: Inicios de algunas otras historias, sobre las cuales estoy trabajando. Por lo menos cinco están ya materializadas. Además de la secuela de El Pecado.

LPD: ¿Cuáles son tus planes de futuro? ¿Tienes alguna obra en mente?
JH: Así es, seguir escribiendo. Aunque no dependa de ello para comer, es una enorme satisfacción que haya gente a quienes emocionan las historias que uno crea. Las obras en mente, sí, como ya dije, la secuela (es muy divertido retomar personajes y darles nuevas situaciones), y otras historias de temática completamente diferente, más encaminadas a la CF y horror psicológico. Un poco de humor también. El tema de la divinidad y el fanatismo me encantan, pero tampoco quisiera abusar de ello. Las realidades alternas también son un tema de mi predilección, pero reconozco que ya están muy manoseadas.

Conoce la obra: “El pecado del mundo”

LPD: Comenzaré por el principio, ¿cómo surgió el título?
JH: El título definitivo en realidad fue decidido hasta casi el final. Estuve a punto de desecharlo al descubrir que ya existía una obra con el mismo título, pero es de los años treintas y la temática es completamente diferente. Originalmente la trabajé con el título La Viga en el Ojo de Dios (frase que se utiliza una vez), pero me pareció que sonaba demasiado pretencioso. Finalmente, amistades me convencieron que usara el título actual, que suena “cool”. Y El Pecado del Mundo es un juego conceptual, también, embona muy bien con la idea básica de lo que combate la antagonista.

LPD: ¿Cómo nació la idea de escribir “El pePecado del mundocado del mundo“?
JH: Es una influencia de otra historia, con la consecuente adaptación y giro. Ese fue otro punto de conflicto para mí, hasta que investigué y aprendí que infinidad de novelas, si no es que todas, son influenciadas por trabajos existentes, incluso los grandes novelistas. Ocurre en todas las ramas del arte. Y amigos de foros me ayudaron a entenderlo. Se parte de una propuesta previa y se le da el giro propio. No creo que lo que sucede en El Pecado del Mundo sea totalmente original (ya sabemos que algo 100% original no existe (dicen que everything is a remix)), pero el desarrollo y las situaciones son, precisamente, como yo quise que fueran. Es como en Groundhog Day y Edge of Tomorrow, que parten de la misma premisa, con ambientaciones y desarrollo diferente.
De hecho, en la novela hay algunos Easter Eggs que dan pistas, a manera de homenaje, del origen e influencia de la historia. Hay muchas referencias a la cultura geek en la novela, que es casi constante en mi estilo. Me divertí mucho ocultando tantos detallitos. Espero que, dentro de muchos años, se me de la oportunidad de develar uno que está bastante oculto. Hasta me preocupé por mantenerlo en la versión en inglés.

LPD: ¿Cómo fue el proceso de escribir “El pecado del mundo“?
JH
: Muy doloroso, metafóricamente hablando. Sobre todo, en la parte técnica. Hube de aprender de ceros la metodología de maquetación, tanto en libro impreso como en digital. En cuanto a la escritura en sí, la comencé a escribir hace algún tiempo, le perdí la fe un rato y luego dije ¡qué demonios! Y le eché los kilos. Ahora me es más fácil.

LPD: ¿Cuánto tiempo necesitaste para escribir la novela?
JH
: La comencé a escribir, de hecho, a mediados de los años noventa, tiempo en que se desarrolla la historia. La abandoné por razones ya mencionadas y la retomé hace cosa de dos años. Pensé por un momento actualizarla a la época actual, pero luego pensé que sería divertido colocarla en la época pre-smartphones y redes sociales. Esas situaciones la dejo para la secuela.
Tomando en cuenta el tiempo realmente invertido, técnicamente la novela fue escrita en unos siete u ocho meses. Lo molesto ha sido, para ser sincero, el tiempo invertido posteriormente en las revisiones y correcciones.

LPD: ¿Cambiarías alguna escena?
JH: No, en realidad me gusta, así como está. Hay situaciones que a mí mismo me desagradan, pero ese es el chiste de imitar la realidad. Un detalle que se me ha señalado es que hay partes “pesadas”, sobre todo donde se ponen a reflexionar filosóficamente, y hay reflexiones muy intensas y duras. Pero es algo que no puedo cambiar ni eliminar, ya que con eso me identifico con lectores a quienes les gusta ese tipo de pasajes. Es algo que obviamente he tomado de algunos escritores y que me encanta leer y releer. Por lo tanto, mis obras siempre tendrán esas escenas introspectivas.

LPD: ¿Te sientes identificado con algún personaje de “El pecado del mundo“?
JH: Todos los autores (creo que miles podremos responder algo parecido) volcamos algo de nosotros en nuestros personajes. En lo personal, yo me identifico mucho con la manera de pensar de Wendy (en mi adolescencia). La aventura hace gran mella en su persona y sus creencias, por lo cual ella resulta alterada, y en la secuela se verá la misma evolución. Coincido mucho con Marcos en su lado frío y analítico, con Víctor en su modo ultra-geek enciclopédico y con Marcia en su pretendido liberalismo, siendo en el fondo una buena chica.

LPD: En la novela destaca principalmente el personaje de la Ernestina Beltrán, ¿qué nos puedes contar sobre ese personaje? ¿Cómo fue el proceso para desarrollarlo?
JH:
Ernestina Beltrán tiene sus raíces en una antigua telenovela mexicana que protagonizaba Diana Bracho, cuyo personaje antagonista era una mujer amargada y ultra-religiosa, y está un poco modelada también en la dureza de carácter de Mamá Elena, de la novela y película Como Agua Para Chocolate. Ernestina es todo eso y más. Es como un icono de la inflexibilidad que puede llevar al extremismo, y soporta mi teoría que la maldad a menudo tiene sus raíces en el odio, la frustración y el fanatismo religioso. Una combinación explosiva. Me divertí mucho creando a Ernestina, y si leen la novela se darán cuenta que una de sus principales virtudes-defectos es la testarudez. Es irracional, terca y muy firme en sus convicciones. Mencionaste que puedes sentir pena por ella, en efecto, esa era la intención, aunque seguro que si platicaras con la singular mujer te darías cuenta que a ella le parece que está en todo su derecho y que actúa en nombre de intereses mayores.
Me preocupó por un tiempo que Ernestina pudiera verse como un personaje muy irreal, en contraste con los demás. Pero el objetivo de crear una obra intensa era basarla en un antagonista, precisamente, muy exagerado. La clave era generar un carácter aborrecible y memorable, muy apasionado en lo suyo, que te produjera repulsión, casi como un placer culpable. Que “ames odiarla”, como dicen.
Por esa inquietud fue que hice que los que la rodean atendieran el asunto de su exageración: para todos ellos, Ernestina es una completa esquizofrénica. No está bien de su cabeza, es una reliquia sociológica. Por la misma razón hay varios flashbacks, para que de alguna manera te enteres del origen de una personalidad tan extravagante. Y créeme, en su caso no se puede culpar a nadie. Ese tipo de comportamiento es una auténtica “mala semilla”. El entorno sólo ayuda a cultivarla. Una de las actividades literarias interesantes es “explorar” su mentalidad y sus motivaciones, tanto desde el punto de vista de ella misma como de los demás.
De todas formas, yo siempre he preferido los personajes exagerados y la consecuente confrontación con personajes realistas.

LPD: Algunos escritores crean sus personajes basándose en personas de su entorno, ¿Ha sido tu caso en “El pecado del mundo“?
JH: Creo que es muy natural, todos los personajes están fabricados con tintes de unas personas por aquí y otras por allá. Intenté modelarles como personas completamente nuevas, incluso si les metía también partes de mi propia personalidad. Que es como lo hace también la vida.
Como Wendy y sus amigos he conocido a varios individuos en la vida real. Solamente la proverbial tía, es la que nunca me he encontrado en persona. Y no sabes cómo me encantaría conocerla en el mundo, in the flesh.

LPD: No me puedo olvidar de la portada. ¿Me puedes explicar cómo la elegiste?
JH:
Es el resultado de no tener una editorial que le respalde a uno: se elige la imagen que tú tienes en la cabeza sin experiencia para comercializar. Contraté un diseñador remoto que me envió un trabajo que no me gustó. Tuve que pulirme en Photoshop (no creo haberlo logrado al cien), pero me tardé más de un mes en dejarla como yo quería. Cuestiones de presupuesto, je je. Finalmente, la portada expresa justo lo que yo quería: sugiere “eso” que has de haber descubierto en la novela, y encima tiene un elemento con cierta sugerencia erótica que puede servir como gancho para captar lectores que al final se encuentren con una obra muy distinta al erotismo-romántico que se estila hoy en día, pero que tal vez les guste (guiño aquí). Me gusta la idea de vender un producto nutricional con un envoltorio comercial.

LPD: Para finalizar la entrevista, si piensas que me he olvidado de preguntarte algo, ahora es tu momento.
JH:
Algunas cosas. Aclarar que “No es una novela religiosa”. Extrañamente, muchos lo han pensado. Yo ni siquiera soy religioso. Entiendo que es la impresión que da. Y tampoco es anti-religiosa en sí, se podría denominar más como anti-fanatismo. Una parodia a lo extremista. Mucha gente, aún en la actualidad, tiene ciertos tintes y características de la gran Ernestina.
La novela ya acaba de salir en idioma inglés y estoy buscando la manera de llevarla al cine. Esto solamente si tengo la suerte de que algún productor le interese, pero primero debo darla a conocer más (lo cual es lo más dificultoso para mí) para que se convenzan que no es una historia cualquiera. ¡Noo, no lo es! La señora llega a niveles inconcebibles e imposibles.
Y, pues, para finalizar, que espero les guste El Pecado del Mundo porque muero por presentarles la secuela (tentativamente El Imperio del Pudor), con la cual intencionalmente me puse un reto: la avancé veinte años en el tiempo, sólo para dejarles con la inquietud “pero, pero… Ernestina tendrá casi 100 años de edad, ¿cómo podría seguir dando tanta batalla?”. Les prometo que la dará… ¡y de qué manera!

LPD: Muchas gracias, Julius, ha sido un placer intercambiar estas palabras contigo.

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2 comentarios sobre “Intercambio de palabras con Julius Hernández

  1. Gracias Ana por la oportunidad de estar en tu espacio y darme a conocer a los lectores. Espero que les guste la novela.

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