Novelas viejas

Peyton Place

Peyton PlaceBuscando un nuevo tema para mi blog retrocedí mentalmente a mi infancia para recordar libros, pronto me recordé una vieja novela de tapas naranjas que todavía está en alguna estantería y que seguramente siempre estará. No porque sea la mejor novela que he leído sino porque fue la primera novela para adultos que leí con once o doce años. Todavía puedo recordar el dolor de cabeza que sentía al leerlo, pero eso no me impedía seguir la lectura. Sé que lo releí varias veces. Estaba realmente enganchada a esa primera novela, de la que todavía no he nombrado el título, por cierto. Su título es “Peyton Place”.
 
Hoy todavía puedo nombrar algunos de los personajes, los que más me gustaron o quizás los que más me han impactado, os pondré algunos ejemplos:
 
  • La familia McKenzie: Allison que quiere ser escritora y su madre viuda, Constance.
  • La familia Cross: Selena es la mejor amiga de Allison. Vive en una casucha con su madre y sus hermanos, Paul y Joey. Su padre, Lucas, es un borracho y maltratador.
  • La familia Page: formada por la protectora madre Evelyn y el niño de mamá, Norman.
  • Matthew Swain: el doctor, muy amigo de Seth. Siempre vestido de blanco y mi favorito
  • Seth Buswell: propietario y editor del Peyton Place Times

Todavía me he dejado unos cuantos en la guantera. como a Kenny y Ginny Stears; la profesora Thorton o a los ricos Harrigton y el bueno de Ted Carter…



En Peyton Place encontraréis de todo: guerra, incesto, aborto, crimen, mentiras; pero también amor, amistad… Para que tengáis una idea mejor os dejo una escena que también os servirá para conocer al doctor Swain:
 
El doctor Matthew Swain era un hombre alto y huesudo con un abundante y ondulado cabello plateado. El cabello del doctor Swain era su característica más notable y estaba orgulloso de él. Se lo cepillaba cuidadosamente, y cada mañana lo examinaba con minuciosidad para asegurarse de que no tuviera hebras amarillentas.
—El hombre tiene derecho a alguna vanidad —decía para excusarse, e Isobel Crosby, que se ocupaba de la casa del médico, declaraba que era conveniente tener alguna presunción. Ciertamente no se preocupaba del resto de su aspecto. Sus trajes siempre necesitaban un buen planchado, y tenía la mala costumbre de comer en el salón. Las tazas de café del doctor Swain, diseminadas por toda la casa, eran la cruz de Isobel.
—No cuesta tanto trabajo llevar una taza medio vacía a la cocina —se quejaba a menudo. —No se herniará por levantar una taza.
—Si no hago nada más grave que dejar alguna que otra taza por ahí, Isobel, puede considerarse afortunada —replicó el médico.
—No son sólo las tazas —dijo Isobel. —Deja la ropa allí donde cae, llena la casa de ceniza, y sus zapatos siempre están tan sucios como si hubiera estado en un corral.
—Piense en la suerte que tiene, Isobel —contestó el médico. —¿Preferiría ser el ama de llaves de algún viejo libertino? Por lo menos, yo nunca le he metido una mano debajo de la falda. Quizá sea esto lo que le molesta.
—Por si fuera poco —dijo Isobel, que conocía demasiado al médico para escandalizarse de nada de lo que dijera, —tiene la lengua larga y la mente sucia.
—Oh, vaya a almidonar alguna camisa —replicó el médico con brusquedad.
Todo el mundo en Peyton Place apreciaba al doctor Swain. Tenía unos grandes ojos azules que, muy a pesar suyo, eran calificados de «seductores», y su bondad era legendaria en la ciudad. Matthew Swain formaba parte de una rara especie en vías de desaparición, la del médico de medicina general. La palabra «especialista» era un anatema para él.
—Sí, soy un especialista —dijo una vez a un famoso otorrinolaringólogo. —Estoy especializado en gente enferma. ¿Qué hace usted?
A los sesenta años, el doctor Swain continuaba atendiendo todas las llamadas de día y de noche, en verano y en invierno, y tenía la costumbre de enviar una tarjeta de felicitación por el cumpleaños de todos los niños que había ayudado a nacer.
—No eres otra cosa que un sentimental —le decía Seth Buswell con frecuencia. —¡Nada menos que tarjetas de felicitación!
—Sentimental o no —replicaba el médico de buen humor, —me produce una gran satisfacción pensar en el trabajo que he hecho a lo largo de mi vida.
—Trabajo, trabajo, trabajo —decía Seth. —Esta es tu palabra favorita. Creo que tu intención es crearme un complejo de inferioridad echándome continuamente en cara mi pereza. Uno de estos días caerás fulminado por un ataque de corazón, debido a tu maldito trabajo, trabajo, trabajo. Igual que uno de esos guapos y canosos médicos de las películas.
—Tonterías —replicaba el médico. —Los ataques de corazón ya están muy trillados. Deséame una bonita e interesante úlcera.
—Pensándolo bien —decía Seth, —morirás con el cráneo aplastado por una de esas enfermeras a las que explotas en tu hospital.
El hospital de Peyton Place era pequeño, estaba bien equipado y constituía el orgullo del doctor Swain. Lo dirigía con eficiencia y lo admiraba con la ternura de un joven amante, y el hecho de que fuera utilizado a menudo por habitantes de ciudades vecinas, con preferencia a otros hospitales más grandes, le causaba una satisfacción inigualable. El hospital pertenecía a la ciudad, pero todo el mundo en Peyton Place se refería a él como «el hospital del doctor Swain», y las muchachas que asistían a su pequeña, pero excelente escuela de enfermeras se denominaban a sí mismas «las muchachas del doctor».
Matthew Swain era un hombre bueno y honesto, y un enamorado de la vida y la humanidad. Si tenía algún defecto, era su lengua afilada y a veces mordaz, pero la ciudad se lo perdonaba porque Matthew Swain era un buen médico, y si en ocasiones hablaba con rudeza, no era menos cierto que siempre decía la verdad. Tenía un sentido del humor que algunas veces resultaba sarcástico, otras veces libidinoso, pero nunca ofensivo, y por esto la ciudad también se lo perdonaba, pues el médico sabía reírse de sí mismo. Todo el mundo quería al doctor Swain.

 

Sí os interesa leerla la podréis encontrar en las librerías o encontrarla aquí. Yo os digo que os lo pasaréis bien, dicen que es el antecedente de Twin Peaks. Y si no tenéis ganas de leer también podéis ver la película protagonizada por Lana Turner o ver la versión televisiva de los 60, si es que no faltan oportunidades.

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