Intercambio de palabras con Martín Iguaran

En las Palabras Descarriadas hablamos con Martin Iguaran, autor de «El castillo de San Severino».

Conoce al autor: Martín Iguaran

Seguramente te gustan varios escritores, ¿puedes nombrar alguno?
Entre la ciencia ficción, mis autores favoritos son Isaac Asimov, Arthur C. Clarke, Stanislaw Lem, y los hermanos Strugatsky. En el terror, no puedo dejar de mencionar a Stephen King y a Shirley Jackson. Dentro de la literatura latinoamericana, soy fan de Mario Vargas Llosa.

También me gusta mucho la literatura de Marguerite Yourcenar. LPD: Otra pregunta complicada: ¿puedes decirme tus tres novelas favoritas?
¡Qué difícil! Si tuviera que dar una respuesta rápida, sería “La guerra del fin del mundo”, de Mario Vargas Llosa, “Yo, Claudio”, de Robert Graves, y “Es difícil ser un dios”, de los hermanos Strugatsky.

¿Y alguna obra literaria te ha decepcionado?
La novela “Crash”, de J.G. Ballard.

¿Qué has leído últimamente?
Actualmente estoy leyendo “El grito silencioso”, de Kenzaburo Oe.
Luego, tengo un libro de Haruki Murakami en espera.

¿Recuerdas la primera novela que leíste?
Uno de los primeros libros adultos que leí a una edad temprana, a los diez años, fue la saga de la Fundación. Fue mi primer acercamiento a la ciencia ficción. Era realmente muy joven, y me asombró la inventiva de Asimov para crear una historia que se expandía por decenas de miles de años. Me hacía sentir pequeño como individuo.

¿Cuáles son tus géneros literarios preferidos a la hora de escoger lectura?
Ciencia ficción, terror, novela histórica, de suspenso y misterio. No me gusta la novela costumbrista. No creo que sea mala como género, pero para conocer los entretelones de una vida común y corriente donde hay que pagar cuentas a fin de mes no necesito leer un libro. 

¿Eres capaz de explicar cómo te picó el gusanillo del escritor? ¿Cuántos años tenías?
Era muy joven. Empecé a escribir relatos en la preadolescencia. No me planteaba publicar. No podría explicar porqué empecé a hacerlo. Simplemente se me ocurrían historias en mi cabeza y sentía la necesidad de plasmarlas en papel. Gané en 2011 el Primer Premio de Relatos de la Universidad de Belgrano, en Buenos Aires, y ese fue el primer espaldarazo «oficial», por denominarlo de alguna forma. Lo siguió una mención especial en otro concurso organizado por la Fundación Internacional Jorge Luis Borges. Ya tenía el apoyo incondicional de mi familia; seguí escribiendo en los años subsiguientes, pero no consideré publicar hasta 2020, cuando irrumpió la pandemia.

¿Tienes alguna obra olvidada en un cajón a la espera de salir a la luz?
He escrito muchos relatos de ciencia ficción y algunos de terror que están en un cajón de mi escritorio. Antes de plantearme publicarlos, tendría que revisarlos y corregirlos. Además, tendría que evaluar si tienen alguna coherencia como conjunto. No me gustaría publicar una mera recopilación de relatos desbalanceados.

¿Cuáles son tus planes de futuro? ¿Tienes alguna obra en mente?

Estoy escribiendo un segundo libro, pero no es la continuación de “El Castillo de San Severino”. Es una obra nueva, con personajes y trama completamente diferentes. También estoy explorando un formato diferente para la historia. En la medida de lo posible intento no incurrir en repeticiones.

Conoce la obra: Castillo de San Severino

Comenzaré por el principio, ¿cómo fue el proceso para elegir el título?
Había terminado la novela y no tenía título. Barajé diferentes posibilidades, pero me terminé decantando por “El Castillo de San Severino”. Temía que sonara muy trillado, pero era inevitable: la acción transcurre allí, en el Castillo ocurre todo, y la existencia de mansiones suntuosas en la provincia de Buenos Aires, llamadas castillos, es real.

¿Cómo nació la idea de escribir “Castillo de San Severino”?
La idea de la novela nació durante el confinamiento del 2020. Muchas personas no lo saben, pero Argentina tuvo uno de los confinamientos más largos y duros del mundo: fueron en total ocho meses ininterrumpidos de cuarentena, naturalmente con diferentes grados de flexibilización. Pero los primeros cuatro meses fueron muy estrictos: no se podía salir del domicilio bajo ningún concepto, solo para comprar medicamentos o comida. Al mismo tiempo, el Poder Judicial argentino, como no estaba en absoluto preparado para trabajar remoto, decretó una pausa en la actividad judicial que terminó recién a finales de julio de 2020. Por lo tanto, me encontré con una enorme cantidad de tiempo libre. En algunos de los momentos más difíciles, me dije a mí mismo: «¡Me siento como un fantasma, encerrado todo el día!». Y ese fue el punto de partida. Efectivamente, los fantasmas no son otra cosa que personas encerradas por mucho tiempo, a veces una eternidad, en una casa. En el cine suelen parecer malvados, pero en los hechos, creo que, si una persona pasa una eternidad encerrada, termina por enloquecer. Daría cualquier cosa con tal de poner punto final a ese martirio. Con esa idea comenzó a trabajar mi cerebro y me puse manos a la obra.

Toda novela tiene alguna escena más complicada de escribir, ¿existe esa escena en “Castillo de San Severino”?
No particularmente en este caso. Realicé una investigación exhaustiva, tanto del trasfondo histórico como de las características geográficas, climáticas y culturales que aparecían en la trama. Con esa investigación previa, la escritura fue relativamente fácil. Además, en “El Castillo de San Severino” no hay violencia gráfica, que es siempre lo que encuentro más difícil de escribir. Es un terror más sutil, que sugiere cosas al lector antes de mostrarlas.

En el libro destaca la ambientación, en ese pueblo.
El pueblo es parte esencial de la trama. No puede existir uno sin el otro. Hay muchos pueblos en vías de extinción en la provincia de Buenos Aires: pueblos que tuvieron miles de habitantes, y poco a poco se fueron vaciando hasta que solo quedaron unas docenas o directamente nadie. Esa atmósfera, casi apocalíptica, se puede experimentar si uno los visita. Una de mis inspiraciones más grandes para San Severino fue el pueblo de San Mauricio, que efectivamente está abandonado y se puede visitar, si uno se propone hacer una especie de tour de turismo catástrofe. 

¿Sabes cuánto tiempo tardaste en tener la obra lista para su publicación?
Entre que firmé el contrato con la Editorial, y terminamos el proceso de edición, pasaron poco más de tres meses.

¿Reescribirías alguna escena?
No.

¿Tuviste que hacer un trabajo de investigación para escribir la novela?
Sí. Desde un principio supe que la historia iba a requerir, si quería dotarla de calidad, de un extenso trabajo de investigación en muchos aspectos. Mientras más pensaba la trama, más me convencía de ello. Tanto para la historia de la fundación del pueblo, como hechos históricos de carácter nacional, como la Conquista del Desierto. Sabía que había leyendas e historias de grandes mansiones en la provincia de Buenos Aires que eran fascinantes, pero poco conocidas. Indagué en esas leyendas y tomé aspectos de algunas para combinarlos con mi imaginación. De modo que la historia de la novela es ficticia, pero muy verosímil e inspirada en la Historia argentina.

No me puedo olvidar de la portada. ¿Me puedes explicar cómo fue el proceso de elección?
Durante el proceso de edición, colaboré extensamente con mi editora, Ana Villamor, a quien agradezco su paciencia y dedicación. Evaluamos diversas imágenes, las fuimos descartando y nos quedamos con un grupo reducido. Queríamos algo que reflejara decadencia, soledad, y que sugiriera que había algo más, que invitara a adentrarse en el libro. De ese grupo seleccioné la portada, y ella aceptó usar la imagen y extenderla para que ocupara también el lomo del libro y contraportada.

El libro ha sido editado por Ediciones Passer. ¿Qué tal ha sido trabajar con ellos?
Ha sido excelente. La relación que se ha entablado con la Editorial ha sido muy cordial y fructífera y espero mantenerla. Creo que se ha generado una buena sintonía. Una relación editor-escritor fluida es esencial para publicar un buen libro. Mi mayor temor era tener que hacer frente a una gran cantidad de modificaciones en la historia y eso no sucedió. Aprovecho la oportunidad para agradecer a todos en Ediciones Passer por su dedicación y su respeto por mi perspectiva literaria.

¿Qué le dirías a un lector que duda si leer “Castillo de San Severino”?
Que mi novela está repleta de datos históricos y culturales de mi país, Argentina, y que no tiene violencia gráfica. No me gusta la violencia gráfica. Creo que se abusa de ella en la televisión, en la literatura… creo que, si hay escenas violentas, ya sea violencia verbal, física, o de otra clase, deben servir un propósito concreto en la narración y no ser meramente una exhibición de mal gusto. Por lo tanto, todo lector que se atreva a leer el libro encontrará una historia diferente, más humana, aunque sea de terror, y que creo que lo dejará pensando una vez terminada la lectura.

Hasta aquí la entrevista. Gracias, Martín.

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