El reto de la semana: At the Seaside, de William Merritt Chase

El reto de hoy está basado en el cuadro “At the Seaside“, de William Merrit Chase.
Y ahora os dejo con el nuevo relato de Adelina GN, estoy completamente segura de que os gustará tanto como a mí.

RECUERDOS QUE NO SE OLVIDAN
Adelina GN

—No me debo martirizar —se decía Irene, mientras la tristeza la envolvía y un llanto incontrolado se hacía presente. 
Mientras aquello ocurría, su hermano entraba en la habitación. Le aconsejaba qué era lo mejor que podían hacer, que no era la primera que enfermaba de Alzheimer. 
En el papel que llevaba en la mano, le confirmaba lo que le estaba diciendo, un 3 o 4 % en personas de su edad enfermaban de la cruel enfermedad. 
Irene cerró su diario y dejó de escribir, salió con su hermano de la habitación y al entrar en el salón todo volvió a darle motivos para llevar adelante la decisión que tanto le costaba tomar. 
Asunción, su abuela, la experta pastelera muy considerada en el pueblo, estaba amasando a la perfección una supuesta masa que confundió con el pollo que su nieto había dejado en la mesa, mientras fue a llamar a Irene. 
—Hija, ya está para… 
—¡Abuela, está, para tirar la comida, para lavarlo todo! —gritó su nieta. 
Andrés la calmó, serenó a su hermana, cogió a su abuela y se la llevó del escenario en el que todo lo sucedido la acusaba de no tener memoria. 
A él lo confundía con su abuelo y a su hermana con su madre, su hija que llevaba dos años fallecida y que la abuela no había podido superar la perdida. 
No recordaba nada, ni nada recordaría, era el devastador diagnóstico que les dieron, y el ultimátum que tuvieron que acatar al decidir ingresar a la abuela en una residencia. 
Para ello eligieron aquella con la que la abuela bromeaba que fuese allí donde iría cuando perdiese la cabeza. El motivo por el que quería que aquella fuese su última morada nunca lo terminó de desvelar. Hasta que llegaron no lo supieron. 
Subieron al coche las maletas de Asunción, ella apretaba sobre su pecho un bolso de mano con la fuerza que da la enfermedad. Les daba mucha lástima, pero era lo mejor para la abuela, estaría bien, muy cuidada y atendida. 
Nunca se quiere, pero siempre se debe, si no te ves capaz de asimilar que un ser querido pierda los recuerdos y viva ausente de sentimientos. Aquello, se dijo momentos antes de aparcar delante del balneario donde la abuela residiría desde ese día. 
Irene salió de su parte y dio la vuelta al coche, su hermano ya había sacado las maletas, y las acercó a la escalera. Allí la directora del centro les esperaba para el recibimiento. Mientras la nieta abría la puerta y ayudaba a Asunción a bajar del vehículo. 
Enfrente de ellas y separada por un gran seto verde, la playa se mostraba en todo su esplendor. El colorido era alegre, niños y niñas al igual que los adultos disfrutaban de aquella brisa, qué, atentos a lo que ocurrió… 
Asunción la sintió en su rostro, sus ojos se humedecieron al sentir el salitre del mar y el aroma particular de aquella playa. 
—Hija ¿lo llevas todo? 
—Tu padre habrá cogido un buen sitio
—Ven, no te sueltes de mi mano, las niñas deben ir con su madre. 
—¡Mira, allí está! 
—¡Arturo! —gritó al ver a su nieto. 
—Vamos, dinos dónde está nuestra sombrilla… 

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