El origen de las expresiones populares
A cencerros tapados
Una expresión nacida de la necesidad de avanzar en silencio, sin llamar la atención y procurando que nadie advirtiera el paso.
Los cencerros se rellenaban con hierba o paja, o se sujetaba el badajo, para impedir que sonaran.
¿Qué significa?
La expresión «a cencerros tapados» significa actuar de manera secreta, reservada o sigilosa, procurando que nadie se entere.
Irse a cencerros tapados equivale a marcharse a escondidas, sin avisar ni despedirse. También puede aplicarse a cualquier asunto realizado discretamente y lejos de miradas indiscretas.
En una frase
«Prepararon el acuerdo a cencerros tapados y no comunicaron nada hasta que estuvo firmado».
¿De dónde procede?
La expresión procede de una práctica relacionada con el ganado y los animales de carga. Los cencerros servían para conocer la posición de las reses o caballerías gracias al sonido producido por el badajo al golpear el metal.
Sin embargo, en determinadas circunstancias era necesario avanzar sin hacer ruido. Para conseguirlo, los pastores o arrieros llenaban los cencerros con hierba o paja, o sujetaban el badajo para impedir que golpeara las paredes del cencerro.
De este modo, las caballerías podían desplazarse sin que su sonido revelara la presencia o la dirección del grupo.
«Irse a cencerros tapados».
La imagen terminó aplicándose metafóricamente a quienes se marchan o actúan con gran discreción, intentando no ser vistos ni oídos.
Arrieros que salían sin ser oídos
Vicente Joaquín Bastús relacionó la locución con los arrieros que querían abandonar un mesón o un pueblo durante la noche o a primera hora de la mañana sin despertar ni alertar a nadie.
También podían silenciar los cencerros cuando tenían que atravesar un lugar peligroso y deseaban pasar inadvertidos ante posibles asaltantes.
Cómo se silenciaban los cencerros
El sistema era sencillo. Se introducía paja o hierba dentro del cencerro para amortiguar el golpe del badajo contra el metal. Otra posibilidad consistía en atarlo o sujetarlo para que permaneciera inmóvil.
Julio Cejador explica que esta práctica se utilizaba con los cencerros del ganado y de las bestias cuando convenía que no hicieran ruido.
El contraste entre el ruido habitual del cencerro y el silencio conseguido al taparlo explica la fuerza expresiva del modismo: pocas cosas resultaban más sonoras que una recua en movimiento, por lo que silenciarla exigía una acción deliberada.
Viajes, peligros y pastos ajenos
Seijas Patiño señaló que los cencerros se tapaban cuando las recuas necesitaban avanzar sin ser percibidas o cuando el sonido podía asustar a otros animales.
Otra explicación, publicada en la revista El Averiguador en 1873, relacionaba la expresión con los pastores que silenciaban los cencerros cuando llevaban sus reses a pastar en terrenos ajenos.
En todos los casos, el objetivo era el mismo: evitar que el sonido denunciara la presencia de animales y personas.
Marcharse sin despedirse
Bastús indica que «irse a cencerros tapados» también significaba marcharse sin avisar y sin despedirse del anfitrión.
Para expresar esa misma idea se utilizaba antiguamente la locución latina hospite insalutato, es decir, abandonar un lugar sin saludar al huésped o anfitrión.
Su uso en la actualidad
Aunque hoy no es una expresión muy frecuente, sigue siendo comprensible y puede utilizarse para describir decisiones, reuniones, acuerdos o desplazamientos realizados con absoluto secreto.
Suele tener un matiz crítico, pues da a entender que alguien intenta ocultar sus intenciones o evitar que los demás conozcan lo que está haciendo.
Fuentes consultadas
La explicación principal del significado y del origen de esta locución procede de El porqué de los dichos, de José María Iribarren.
La relación con los cencerros del ganado aparece en el Tesoro de la lengua castellana, de Julio Cejador y Frauca, en la parte primera de Silbantes, publicada en Madrid en 1912.
La explicación sobre los arrieros que abandonaban silenciosamente mesones y pueblos fue recogida por Vicente Joaquín Bastús en la segunda serie de La sabiduría de las naciones.
Manuel Seijas Patiño explicó también la locución en su comentario al Cuento de cuentos, de Francisco de Quevedo.
La interpretación relacionada con los pastores que introducían sus reses en pastos ajenos apareció en la revista madrileña El Averiguador en 1873.
Descubre más desde Las Palabras Descarriadas
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
