El significado de «A cada cerdo le llega su San Martín»

El origen de las expresiones populares

A cada cerdo le llega su San Martín

Un refrán que recuerda que nadie puede escapar para siempre de las consecuencias de sus actos.

Ilustración relacionada con el refrán A cada cerdo le llega su San Martín

La festividad de San Martín marcaba tradicionalmente el comienzo de la matanza del cerdo.

¿Qué significa?

El refrán «A cada cerdo le llega su San Martín» expresa que, tarde o temprano, toda persona debe afrontar las consecuencias de sus malas acciones, abusos o errores.

Suele emplearse para advertir que nadie puede actuar impunemente para siempre y que, aunque el castigo tarde en llegar, finalmente llegará.

En una frase

«Durante años se aprovechó de todos, pero finalmente descubrieron sus engaños. A cada cerdo le llega su San Martín».

¿De dónde procede?

El origen del refrán está relacionado con la tradicional matanza del cerdo, una costumbre muy arraigada en las zonas rurales. Durante buena parte del año, los animales eran alimentados y cuidados para que engordaran, pero al llegar el otoño se sacrificaban para obtener carne y embutidos destinados al consumo familiar.

La fecha elegida habitualmente para comenzar estas matanzas coincidía con la festividad de San Martín de Tours, que se celebra el 11 de noviembre. Para entonces, las temperaturas eran suficientemente bajas para conservar mejor la carne y elaborar productos como jamones, chorizos y morcillas.

El cerdo, después de haber pasado el año comiendo y descansando, veía llegar inevitablemente su final. De esta costumbre surgió la comparación con aquellas personas que creen que nunca tendrán que responder por sus acciones.

«A cada cerdo le llega su San Martín».

La expresión transmite, por tanto, la idea de que todos tenemos un momento en el que debemos rendir cuentas y pagar por nuestros errores.

Una forma más antigua

Antiguamente era habitual utilizar la palabra puerco en lugar de cerdo. Por eso, en las recopilaciones más antiguas aparece la variante:

«A cada puerco le viene su San Martín».

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El refrán en el Vocabulario de Correas

Gonzalo Correas incluyó esta forma antigua en su Vocabulario de refranes y frases proverbiales, recopilación realizada durante el primer tercio del siglo XVII.

Correas explica que el refrán sirve para reprender a quienes creen que nunca llegará el día en que deban pagar por sus actos:

«Castiga a los que piensan que no les ha de venir su día y llegar al pagadero. Por San Martín se matan los puercos, y de esto se toma la semejanza».

El autor relacionaba además este refrán con otra expresión muy conocida:

«No hay plazo que no llegue».

Esta idea se amplió posteriormente en la fórmula popular:

No hay plazo que no se cumpla
ni deuda que no se pague.

Cervantes y el falso Quijote

Miguel de Cervantes utilizó el refrán en el capítulo 62 de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, publicada en 1615.

En este pasaje, don Quijote conoce la existencia de una continuación apócrifa de sus aventuras. Se trata del llamado Quijote de Avellaneda, publicado en 1614 por un autor que se ocultó tras el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda.

Al hablar de aquel libro, el protagonista afirma:

«Ya yo tengo noticias dese libro —dijo don Quijote—; y en verdad y en mi conciencia que pensé que ya estaba quemado y hecho polvos por impertinente; pero su San Martín se le llegará como a cada puerco…».

Cervantes utiliza así el refrán como una advertencia contra el autor de la falsa continuación: también a él le llegaría el momento de responder por su obra.

¿Quién fue San Martín?

San Martín de Tours fue un soldado romano del siglo IV que abandonó el ejército para dedicarse a la vida religiosa y llegó a ser obispo de Tours.

Es conocido especialmente por la leyenda según la cual dividió su capa con la espada para compartirla con un mendigo. Su festividad se celebra el 11 de noviembre.

Su uso en la actualidad

La expresión continúa siendo habitual y suele utilizarse con un tono crítico o vengativo. Se pronuncia cuando una persona que ha actuado mal recibe finalmente un castigo, pierde sus privilegios o debe afrontar las consecuencias de su comportamiento.

En ocasiones también se emplea como una advertencia dirigida a quien actúa con arrogancia o se cree intocable.

Fuentes consultadas

La explicación principal del significado y del origen de este refrán procede de El porqué de los dichos, de José María Iribarren.

La variante antigua y su interpretación aparecen en el Vocabulario de refranes y frases proverbiales, de Gonzalo Correas.

La cita relacionada con el Quijote de Avellaneda pertenece al capítulo 62 de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes.


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