Intercambio de palabras con Alicia Pérez Lázaro, autora de «La luna de Queso»

Conoce a la autora: Alicia Pérez Lázaro

Las Palabras Descarriadas: Seguramente te gustan varios escritores, ¿puedes nombrar alguno? 
Alicia Pérez Lázaro; Soy más fan de libros que de autores en sí, pero admito que aquellas voces que juegan en la frontera entre la realidad y la ficción me pueden. Si tengo que elegir, me quedo con Italo Calvino por su capacidad de imaginar mundos imposibles, Michael Ende por esa profundidad filosófica disfrazada de literatura infantil, y la agudeza de Terry Pratchett (no me he leído todo «Mundodisco» aún, ¡pero ahí voy!). También admiro mucho la introspección y el humanismo de Stefan Zweig.

LPD: ¿Puedes decirme tus tres novelas favoritas? 
APL; «Piranesi» de Susanna Clarke, por cómo redefine la maravilla y el aislamiento. Luego, «1984» de George Orwell, por un worldbuilding tan sólido y asfixiante que hoy es casi una realidad. Y para cerrar el podio, hay un empate entre «Stoner» de John Williams, por ser una novela donde ‘no pasa nada’ y a la vez pasa todo y «La casa de hojas» de Mark Z. Danielewski, porque me obsesionan los libros que son un desafío físico y mental, donde la propia estructura del libro refleja la locura o el laberinto de la trama.

LPD: ¿Y alguna obra literaria que te haya decepcionado? 
APL: No me arriesgo a decir nombres pero, aquellas novelas que tienen una premisa envidiable y, a mitad de camino, parecen tener miedo de su propia oscuridad o de su propia complejidad, decidiendo tomar el camino fácil para cerrar la trama. Prefiero un libro imperfecto que arriesgue, a uno perfecto que no me cuente nada nuevo.

LPD: ¿Qué has leído últimamente? 
APL: Últimamente he estado saltando entre dos mundos. En el primer mundo he leído «La península de las casas vacías» de David Uclés, que tiene un realismo mágico muy potente y visual, y algo de no ficción como «El acto de crear» de Rick Rubin, que me ayuda a entender mi propio proceso desde una perspectiva más sensorial. En el segundo mundo, he estado revisitando a los clásicos españoles para un proyecto. Recientemente terminé «La Regenta«, que me ha recordado lo increíble que es el análisis de los personajes de Clarín. 

LPD: ¿Recuerdas el primer libro que leíste por placer? 
APL: Claro. Primero empecé con «Ciudades de Papel» de John Green y el final se me hizo largo, no me lo terminé. Luego, por recomendación familiar: «Momo» de Michael Ende. Me obsesionó la idea de los hombres grises robando el tiempo. Seguramente ahí nació mi fascinación por los conceptos abstractos que cobran vida, algo que creo que se nota en «Luna de Queso«.

LPD: ¿Cuáles son tus géneros literarios preferidos a la hora de escoger lectura? 
Como lectora soy muy ecléctica. Me muevo en la fantasía contemporánea y el New Weird, pero mi pasión por la comunicación audiovisual me hace consumir mucho thriller psicológico. Además me gusta la ciencia ficción dura (como Stephen Hawking o Brian Greene). Me gusta que el libro me exija, ya sea emocionalmente o a nivel intelectual.

LPD: ¿Eres capaz de explicar cómo te picó el gusanillo de escribir? ¿Cuántos años tenías? Lo recuerdo perfectamente porque, para bien o para mal, está grabado en Internet. Era principios de 2016, tenía 14 años y estaba obsesionada con el ship de Marichat (Miraculous: Las aventuras de Ladybug). Como no encontraba en Wattpad la historia exacta que quería leer, decidí que tendría que escribirla yo misma. Mi usuario es @yosoyalicia; aunque abandoné el proyecto al cabo de un año, me fue bastante bien. Esa experiencia me enseñó algo fundamental que aplico hoy: si la historia que buscas no existe… ¡tienes la responsabilidad de crearla!

LPD: ¿Tienes alguna obra “en un cajón” a la espera de salir a la luz? 
APL: Tengo los cajones (y el disco duro) llenos, pero me gusta saltar entre formatos. Tengo un guion de mockumentary en inglés y hasta un álbum musical experimental a cappella que compuse el año pasado. En lo literario, ahora mismo estoy alejada de la fantasía pura: he empezado una novela gótica con una raíz muy española, profundamente inspirada en la atmósfera y el claroscuro de las Pinturas Negras de Goya. Me interesa mucho llevar ese horror castizo y visual al papel.

LPD: ¿Qué te gustaría que supiera el lector sobre ti antes de leer Luna de queso? 
APL: Me gustaría que supieran que no concibo la escritura sin la estética. Para mí, un libro es un objeto que debe cuidarse en cada plano. Vengo del mundo de la comunicación audiovisual, así que cuando escribo y promociono, estoy ‘montando’ una película en la cabeza del lector; busco que las palabras tengan un ritmo visual y una escucha específica, casi como una banda sonora que acompaña al texto. Soy una obsesionada de los detalles invisibles para que nada interrumpa la inmersión. Quiero que el lector entre en la historia y se olvide por completo de que está leyendo, que simplemente la viva.

LPD: ¿Cuáles son tus planes de futuro? ¿Tienes alguna obra en mente? 
Mi plan es puramente transmedia. No entiendo mis historias encerradas en un solo formato. Mi siguiente paso es lanzar mi primer álbum musical, «111» (ese proyecto a cappella experimental), y mi sueño —quizás muy ambicioso e idealista, jaja— es convertir «Luna de Queso» en un musical. Creo firmemente que la historia tiene un potencial sonoro y visual que pide a gritos el escenario teatral. Al final, todo lo que hago busca lo mismo: crear una experiencia inmersiva total.

Conoce la obra: Luna de Queso

LPD: ¿Cómo fue el proceso para elegir el título Luna de Queso? 
APL: El título nace de esa expresión infantil de que ‘la luna es de queso’ (o green cheese en la tradición anglosajona). Siempre me han atraído los títulos icónicos, de esos que no te dejan indiferente. Lo curioso es que, originalmente, «Luna de Queso» no iba a ser un libro, sino un álbum musical de un dúo entre una vocalista (yo) y un violinista.
Intenté crear una historia que sirviera de hilo conductor para las canciones, pero la trama empezó a crecer y a complicarse tanto que decidí abandonar la idea musical y abrazar la literatura. Eso sí, aunque el título ha sido el ancla desde el primer día, el libro ha pasado por cuatro versiones radicalmente distintas: desde la fantasía más pura hasta el drama familiar que es hoy.

LPD: ¿Cómo nació la idea de escribir esta novela y en qué momento supiste que tenía que ser “la historia”? 
APL; La historia de «Luna de Queso» es, en realidad, la historia de una obsesión por la perfección. La idea actual nació de un ‘mal’ feedback. En la segunda versión del libro, el mundo estaba dividido entre diurnos y nocturnos, con una revolución de por medio… fantasía pura. Pero yo sentía que era basura. Pedí feedback honesto en Reddit y un lector fue demoledor: ‘Demasiado cliché fantasioso’, dijo.
En lugar de rendirme, me propuse escribir el cuento de hadas definitivo usando precisamente esos clichés. Pasé por muchísimas variaciones; en una de ellas, Arturo era un escritor veterano con su hija como musa. Pero no fue hasta el borrador 10 u 11 cuando me atreví con el humor y la metaficción. Estaba releyendo «Niebla» de Unamuno y decidí que Arturo debía ser el creador enfrentándose a su propia obra.
Lo de la hermana enferma surgió porque buscaba el vínculo de amor no romántico más puro y doloroso para alguien de su edad. Y el concepto de la ‘visualización’ se lo debo a «El pergamino de la seducción» de Belli. Como ves, el libro es un collage de ideas que chocaron entre sí hasta encontrar su forma final.

LPD: La novela combina un mundo real muy duro con un mundo ficticio. ¿Cómo encontraste el equilibrio entre ambos? 
APL: ¿De verdad crees que lo he encontrado? ¡Muchas gracias! La verdad es que siempre fue mi mayor miedo. Mi estrategia fue puramente rítmica: quise que las primeras incursiones de Arturo en Encantia fueran breves, casi como destellos, para no abrumar al lector y compensarlo con el peso del drama costumbrista en Magallón.
A medida que la trama avanza, especialmente a partir del Día de San Jorge, los dos mundos empiezan a contaminarse y a ganar peso el uno sobre el otro. Nunca estuve segura de si esa balanza estaba equilibrada mientras escribía, pero el feedback de los lectores ha sido positivo, así que he aprendido a confiar en el proceso. A veces el equilibrio no es una fórmula matemática, sino emocional.

LPD: ¿Qué escena fue la más difícil? 
APL: Más que una escena concreta, mi mayor reto fue un personaje: El Caballo. Es un auténtico dolor de cabeza creativo. Encontrar el equilibrio con él es como caminar por la cuerda floja: cada vez que abre la boca tiene que ser genuinamente gracioso, pero sin llegar a ser cansino o romper el tono emocional de la historia.
Como autora, tienes que medir muy bien sus intervenciones para que el lector desee que aparezca en la página en lugar de querer que se calle. Lograr que un animal parlante sea sarcástico y a la vez entrañable me llevó muchas revisiones y algún que otro suspiro de desesperación frente al teclado.

LPD: ¿Sabes cuánto tiempo tardaste en tener la novela lista? 
APL: Depende de cómo se mire. Si cuento desde que nació el primer borrador (aquel proyecto musical que mencioné), han sido aproximadamente 4 años y 7 meses de trabajo intenso, dudas y muchísimas revisiones. Ha sido un proceso de maduración largo donde la historia ha tenido que transformarse conmigo.
Sin embargo, desde que encontré la cuarta y última versión —la que finalmente ha visto la luz—, el proceso fue mucho más fluido: tardé unos 8 meses en tenerla lista para Amazon. Creo que ese tiempo final fue tan rápido porque ya llevaba cuatro años conviviendo con Arturo y María en mi cabeza; solo necesitaba encontrar el formato adecuado para dejarlos salir.

LPD: ¿Cuál es tu capítulo o fragmento favorito? ¿Por qué? 
APL: Mi capítulo favorito es, sin duda, el VII (Cuarto menguante). Me encanta porque subvierte el mito: siempre nos cuentan la historia del caballero, pero casi nunca se explora la relación entre la princesa y el dragón. Además, me divertí mucho experimentando con el formato: Arturo visualiza desde el teléfono lo que le cuenta María. Creo que es una forma original de narrar, aunque admito que ese juego visual llegó a marear un poco a mi madre cuando lo leyó.
En cuanto a fragmentos, tengo el corazón dividido. Por un lado, me encanta cuando Arturo entra en modo ‘director de cine/teatro’; es mi tipo de humor y mi forma de volcar mi formación audiovisual en él (aunque algunos lectores me han dicho que les choca esa faceta suya). Por otro lado, la escena final con el ‘cuento definitivo’, ese que es solo para María. Cualquiera que haya llegado a la última página sabrá por qué es tan especial para mí; es el alma del libro.

LPD: ¿En qué te inspiraste para construir a Arturo y a María? 
APL: En mí misma, sin ninguna duda. Arturo y María son dos caras de mi propia moneda. Arturo refleja mi lado más rígido: es perfeccionista, tiene una necesidad casi obsesiva de control y un miedo paralizante al rechazo, algo con lo que cualquier creativo puede sentirse identificado. María, en cambio, representa mi parte más libre y soñadora; esa pasión absoluta por la buena lectura y la capacidad de habitar mundos imposibles sin cuestionarlos. 
Escribirlos fue como poner a dialogar mis propios miedos con mis propias esperanzas. Creo que por eso su vínculo se siente tan real, porque es el conflicto que yo misma vivo cada vez que me enfrento a una página en blanco.

LPD: Sin spoilers: ¿qué te interesaba explorar sobre la escritura, la imaginación y el duelo? 
APL: Me interesaba explorar la ficción no solo como escapismo, sino como una herramienta de sanación. A veces, la realidad es tan abrasiva que la imaginación se convierte en el único refugio seguro. Quería mostrar cómo, en mitad del duelo, a veces necesitamos una ‘mentirijilla’ para poder soportar una verdad que pesa demasiado. Al final, «Luna de Queso» es una carta de amor a esas historias que nos ayudan a sobrevivir cuando el mundo real se queda sin respuestas.

LPD: ¿Qué le dirías a un lector que duda si leer Luna de queso? 
APL: Le diría que lo entiendo perfectamente, ¡porque con ese título parece un cuento para niños de cinco años! Pero, hablando en serio, le diría que si alguna vez ha sentido la necesidad de huir de la realidad y refugiarse en un mundo fantasioso (aunque sea uno demasiado idealizado o imperfecto), esta lectura es para él. Es un libro para quienes saben que la imaginación no es una forma de negar la vida, sino la mejor manera de transitarla cuando se pone difícil.

LPD: ¿Qué te gustaría que se llevara el lector al cerrar la última página? 
APL: Me gustaría que se llevaran una sensación de paz. Que entiendan que aunque las historias terminen, lo que nos hicieron sentir permanece para siempre.

Muchas gracias, Alicia, por responder a las preguntas de Las Palabras Descarriadas.


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